jueves, 18 de mayo de 2017

Comparar poemas

En esta entrada vamos a analizar la evolución de la lírica del Siglo de Oro, mediante la comparación de dos poemas que nos servirán como ejemplo de las características del Renacimiento y del Barroco. Estos poemas son llamados 'En tanto que de rosa y azucena', de Garcilaso de la Vega, y 'Mientras por competir con tu cabello' de Góngora.

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Aquí tenemos ambos poemas: hablan del mismo tema, sin embargo, representan estilos diferentes, que demuestran la evolución de la Literatura española en su periodo de máximo esplendor. Hablamos de dos sonetos que (utilizando, lógicamente, un tono formal y serio), como decía, representan el mismo tópico y vienen a decirnos más o menos lo mismo: una referencia a ese 'carpe diem' tan famoso en la actualidad, primero introducido por Horacio, y que fue uno de los tópicos más importantes durante esta época; también encontramos trazos del 'tempus fugit', que igualmente gozó de bastante importancia. Esto es, en ambos se hace referencia al paso fugaz del tiempo y a cómo hemos de disfrutar de la juventud y el momento actual; sin embargo, el enfoque y el final de los poemas son ligeramente diferentes, lo que nos da pie a comenzar diferenciando a ambos. En el primer poema de Garcilaso, en su último verso vemos cómo nos habla de que la rosa 'marchitará' (es decir, que, como es lógico, nuestro cuerpo y rasgos físicos degenerarán); sin embargo, Góngora hace una referencia directa a la nada, es decir, a la muerte. Además, la repetición de la palabra 'mientras' añade un grado más a su preocupación por el paso del tiempo: estas dos diferencias son ya una prueba del marcado pesimismo barroco, una de las características de esta época y que cambiará en cierto modo las inquietudes que los poemas expresarán en papel.
No sólo los temas difieren un poco de una época a otra; la principal característica que cambia es el vocabulario y su complejidad. A pesar de que ambos poemas comparten un carácter culto, el de Garcilaso opta por la mayor presencia de sustantivos, mientras que Góngora carga su texto con una pléyade de adjetivos que contribuyen a la principal diferencia entre ambas épocas: esa complejidad. Siguiendo las 'leyes' del culteranismo, el estilo de Góngora, el vocabulario pasa a ser de enorme complejidad y la sintaxis larga y complicada; Góngora pretende crear obras de arte con sus poemas, y es ahí donde entran en acción los adjetivos, para embellecer y cargar el texto. Esto, evidentemente, hace que amplíe la dificultad de comprensión del texto, pero, como decimos, no se busca eso, y se buscan más los límites que en el Renacimiento.
En cuanto a la presencia de recursos literarios, claramente las obras barrocas tendrán una mayor carga para embellecer y complicar el poema. En el poema de Garcilaso apreciamos varios: hipérbaton (marchitará la rosa el viento helado), anáfora (en tanto, al inicio de las dos primeras estrofas), y algunas metáforas que comentaremos más abajo. Eso sí, vemos como el soneto de Góngora está repleto de recursos: desde aliteraciones (cuello, cabello), hasta anáforas (mientras, también), gradación (en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada) o hipérbaton (oro bruñido el sol relumbra en vano).
Sin embargo, encuentro similitudes en cuanto al uso de las metáforas: de hecho, en ambos poemas hay una referida a las canas, aunque con significado distinto (cubra de nieve, en Garcilaso; plata, en Góngora). Igualmente, en ambas se designa con la palabra oro el cabello de la mujer (como vemos, el tema de los sonetos es similar). Garcilaso tiene algunas geniales metáforas más, tales como el dulce fruto para designar al amor, o la hermosa cumbre para hablar de la cabeza de la dama. En esta línea, me gustaría recalcar la sutileza del autor con alguna de estas metáforas, lo cual en mi opinión lo encumbran a un alto nivel y dan buena prueba de la calidad de la Literatura española durante el Siglo de Oro (en este caso, me ha llamado la atención el tratamiento de las canas que realiza; nunca se me habría ocurrido una manera tan sutil de hablar de ellas). Por su parte, Góngora (que también cuenta con bastantes metáforas, como es lógico: el clavel, que se corresponde con los labios, por ejemplo) creo que trata de transmitir otro tipo de sentimientos: ese agobio, a través del pesimismo, porque aprovechemos el día de hoy y no malgastemos nuestro tiempo, porque sino la muerte llega y no perdona a nadie. Así pues, su último verso desde luego transmite esa sensación de vacío y de inquietud a la que normalmente asociamos la muerte.
Son, qué duda cabe, dos poemas de una calidad brutal y perfectos ejemplos de la gran salud que nuestra Literatura gozó antaño. Cada uno en su estilo: más sutil y calmado, otro mucho más vehemente en sus descripciones e 'inquietante', pero creo que ambos cumplen con su propósito de hacer que el autor se preocupe por cómo ha de disfrutar el día de hoy: 'carpe diem', 'tempus fugit'. Ahora está en tu mano hacer caso a Garcilaso y Góngora (cada uno en su estilo)... o no.

jueves, 11 de mayo de 2017

Manuel Chaves Nogales


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Durante los cuarenta años de franquismo los libros que se publicaban en España sobre nuestra guerra civil, ya fuesen novelas, ensayos o de investigación histórica, tenían una única orientación ideológica. Todos contaban las victorias , los personajes y los valores de los vencedores y denigraban los de los vencidos. No hubo espacio para el análisis para los acontecimientos protagonizados por los bandos que se enfrentaron durante el conflicto.

Hubo un autor que, antes incluso de que terminase la guerra, tuvo la valentía de contar, desde una posición demócrata y de fidelidad a la República. Su obra estuvo prácticamente olvidada en España durante casi ochenta años. Publicada por primera vez en Chile en 1937, “A sangre y fuego” registraba en su prólogo una confesión, de un coraje poco común de alguien que no se definía como un revolucionario.

Manuel Chaves Nogales vivió intensamente los acontecimientos de la República y la guerra civil como un privilegiado observador desde su punto de vista periodistico y director del diario madrileño “Ahora”, y recreó literariamente desde el exilio esas experiencias en una serie de relatos recopilados en su obra maestra nombrada anteriormente. Cuenta, entre la realidad y la ficción, episodios de la guerra civil española protagonizados por personajes que en algunos casos son trasunto de otros tantos protagonistas anónimos de una guerra que batió records de crueldad entre los bandos enfrentados.

Fue también uno de los primeros periodistas que contaron las condiciones de vida en la Rusia comunista recién proclamada la revolución soviética, de la que fue testigo. Criticó también los peligros que anunciaba el régimen nazi, en los artículos que escribió en 1933, con un estilo que anunciaba un nuevo tratamiento de la información periodística, y denunció el colaboracionismo del régimen de Vichy con los nazis en “La agonía de Francia”.

Chaves Nogales publicó sus crónicas de la Segunda Guerra Mundial en la revista cubana “Bohemia” hasta su muerte en 1944. Testificó también la guerra española en África en “Ifni, la última aventura colonial española”. Algunos de sus artículos periodísticos están recogidos en “La España de Franco” y muchos en los tres tomos de “Obra periodística”

La guerra civil española le sirvió para desarrollar sus dos facetas literarias, la del periodista que vive el día a día de la contienda desde su responsabilidad como director del periódico “Ahora”, y la del narrador que rescata la intrahistoria de aquel periodo para convertirlo en literatura.

lunes, 24 de abril de 2017

Mi último día

Imagina que recibes de pronto una carta. En el remite del sobre tan solo El barquero. “En cuanto el sol sea una luna vendrá a buscarte la barca. Tienes veinticuatro horas por si te quedaron cosas en el tintero” Ya ni te acuerdas cuando viste a tus padres y los besaste y les dijiste: “Os quiero”. Que paseaste por el parque y la tarde la pasaste con tus hijos, sin un móvil, con ellos. Que lo arreglaste con tu hermano, ese hermano, con un “hermano, lo siento”. Cuándo cambiaste tu tiempo por el tiempo. Y arreglaste con tu amigo este mundo podrido. Hace tanto ya… Que llevaste un ramo de flores a la mujer de tus amores y a sus pies le confesaste: “Me tienes enamorado”. Que visitaste a tu abuelo y se te fue el santo al cielo oyendo contar al viejo batallitas del pasado. Que te perdiste por tu barrio y regalaste al vecindario la risa de aquel chaval. Estaban ahí. Estaban todos esperando. Tuviste muchos, muchos años. En la barca puedes llorar. Aviva tu seso y despierta  que dura muy poco la vida. Ama con todas tus ganas que lo mismo es mañana
tu último día.

viernes, 7 de abril de 2017

Fernando de Herrera


Poco a poco vamos finalizando el proyecto del Siglo de Oro. Ahora cada integrante del grupo tendrá que investigar sobre uno de los autores más destacados de esta época. En mi casa he elegido Fernando de Herrera por honor a mi apellido. Hemos buscado una serie de enlaces para la realización de su biografía. Después con el miembro de los otros grupos que se le haya designado el mismo poeta tendremos que realizar una presentación y exponerla ante el resto de compañeros. A continuación os dejo los enlaces:

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/herrera_fernando.htm

http://www.cervantesvirtual.com/portales/fernando_de_herrera/autor_vida_obra/

http://www.poemas-del-alma.com/fernando-de-herrera.htm

http://www.lllf.uam.es/~fmarcos/informes/BNArgentina/catalogo/herreraf.htm

http://www.cervantesvirtual.com/descargaPdf/fernando-de-herrera-algunas-obras/


jueves, 6 de abril de 2017

Recuerdos eternos

Ella la trajo a esta vida escondía en mi barca. Cuando me vio dijo: “Tenga piedad, caballero. Estoy sola en el mundo y ya las fuerzas me faltan, no he podido ni abrazarla,
cuide de mi niña porque yo me muero”. Hice un capacho con mi traje de estrellas y la entregué a una mujer muy humilde. Dele su amor, tan solo eso pero una cosa le advierto ahí estaré siempre velando, invisible. La vi gatear, echar los dientes, caerse y volver a levantarse, cómo se hacía mujer sin despeinarse. Era mi risa, mi sangre, mi pulso, mi llanto, mi razón de ser. La acompañé el día de su boda, cuando parió a su niña Lola. La consolaba entre sueños del marido y sus tormentos. Le dediqué todos mis días aunque en el fondo yo sabía que salvarla no podía de los pasos del tiempo. Y un día primero de noviembre un viento oscuro de poniente hizo temblar mi corazón. Se encendió el farol y a mi lado estaba ella era mi niña ya muy vieja y le puse la cruz a Dios. Y en el otro mundo sonaron las otras campanas del Carmen. Alguien la estaba esperando y corrió hacia los brazos los de su madre, los de su madre, los de su madre.

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